Discos SSD: intentando hacerse un hueco en el mercado

Es indudable que el avance de la tecnología es imparable, pero a veces más despacio de lo que nos gustaría. Sabemos que hay grandes empresas empeñadas en diseñar nuevos productos que sustituyan a los actuales y, a su vez, intentan mejorar los que ya disponen. Los discos duros no son una excepción, llevamos más de dos décadas viendo como el tamaño y la velocidad de estos dispositivos va mejorando año tras año, pero parece que en los últimos 3 años este avance se ha estancado estrepitosamente. ¿O no? Vamos a intentar desgranarlo en este artículo.

  1. Evolución del mercado de discos
  2. Mejoras que puede aportar un disco SSD
  3. ¿Puede mejorar el rendimiento de cualquier equipo un disco SSD?
  4. ¿Todo luces o también hay sombras?
  5. ¿Se acabó el disco duro tradicional?

Evolución del mercado de discos

Cierto es que los discos duros ópticos parecen haber tocado techo en términos de rendimiento y ya solo aumentan la capacidad, pasando mucho tiempo hasta que sale un producto de un tamaño superior. Pero existe una alternativa que, aún a día de hoy, es poco conocida por el público en general: los discos SSD o de estado sólido.

Una tecnología que allá por el año 2009 intentaba revolucionar el mercado generalista con un producto a priori superior, pero que no sorprendía en términos de rendimiento respecto a los discos ya conocidos además de tener precios prohibitivos para la mayoría de usuarios por las capacidades que ofrecían.

En 2011 comenzaron a animarse las ventas de discos de estado sólido con la llegada de productos de mayor rendimiento, mayor capacidad y un precio algo inferior. Y aquella tendencia parece que se mantiene hasta nuestros días.

Actualmente podemos encontrar discos de 120GB por menos de 100€ con un rendimiento superior a 500MB/s contra los 130-150MB/s de un disco duro óptico tradicional.

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Mejoras que puede aportar un disco SSD

Un disco de estado sólido ofrece varias ventajas respecto a un disco duro óptico. Para empezar, y el más notable, la velocidad de carga del sistema operativo y las aplicaciones se reduce drásticamente.

Otra gran mejora es la sonoridad, seguro que aún tenemos algún antiguo ordenador rondando por casa que cada vez que lo arrancamos nos sorprende con su habitual sonido de lectura de disco viejo que tan molesto se hace. Los nuevos discos flash podemos decir que tienen una sonoridad tan baja que es inapreciable.




En parte la sonoridad es despreciable porque no hay vibraciones. La carcasa del ordenador es una caja metálica que transmite todas las vibraciones y en ocasiones se escuchan si una tapa lateral está mal encajada, ha recibido algún impacto o simplemente es de baja calidad. En un disco SSD no existe ninguna parte móvil, por tanto, tampoco genera vibraciones.

Y si no existen partes móviles…no hay fricciones, así que alcanzan menor temperatura. Un disco óptico puede alcanzar unos 35-40ºC trabajando o incluso más, cosa que contrasta con un disco con tecnología flash que no suele pasar de los 30ºC si no hay otro componente que le irradie calor directo.

La ausencia de partes móviles en el dispositivo también nos proporciona mayor resistencia a caídas o golpes respecto a los antiguos discos de platos giratorios.

El tamaño es otra ventaja añadida, la mayoría de discos SSD se fabrican en formato 2,5” contra los 3,5” clásicos para ordenador de sobremesa. Esto quiere decir que el mismo disco se puede instalar tanto en un PC como en un portátil e incluso en otro tipo de equipos más pequeños como thin clients.

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Para finalizar, y aunque éstas solo son algunas de las ventajas, comentaremos que un disco de estado sólido no pierde rendimiento si tiene poco espacio libre. Esto es posible ya que la fragmentación de ficheros que pueda existir en nuestro sistema de archivos, no le afecta por su forma de operar internamente.

¿Puede mejorar el rendimiento de cualquier equipo un disco SSD?

Las pruebas realizadas en nuestro taller nos indican una mejora en el 100% de los casos (y ya son más de 50 los que han pasado por mis manos). Debo reconocer que no siempre con los mismos resultados. La experiencia es, en el peor de los casos, un aumento de rendimiento generalizado que reduce los tiempos de carga a la mitad. También tuvimos ocasión de comprobar como había una mejora del 500%, según tests de velocidad, donde el cliente quedó tan sorprendido como nosotros.

En nuestro caso, siempre hemos realizado pruebas con un buen estudio de las posibilidades que existían entre el equipo y el disco que íbamos a instalar. Esto hace que los resultados siempre sean positivos ya que directamente desestimamos los casos en los que las probabilidades de éxito sean muy bajas.

No queremos decir que siempre valga la pena poner un SSD y para evitar equivocarnos es fundamental contar con el asesoramiento de un profesional del ramo, como en la gran mayoría de oficios

Los mejores resultados los hemos obtenido con sistemas operativos de 64 bits (Windows 7 y 8) y con equipos relativamente nuevos que soportaban la conectividad SATA3. También se obtienen buenos resultados con PCs con conectividad SATA2 y Windows Vista o posterior. Y menor mejora se obtiene en equipos con SATA2 y Windows XP instalado. Por debajo de estas características solemos desaconsejar la inversión de dinero en un dispositivo de almacenamiento de alto rendimiento.

Una notable mejora también aportan a pequeños thin clients con sistemas Linux, donde pasan de tener un rendimiento en ocasiones desesperante a funcionar con la suficiente fluidez como para no estresarte por su lentitud.

¿Todo luces o también hay sombras?

Está claro que uno de los grandes inconvenientes a día de hoy es el coste por gigabyte en un disco SSD respecto a un disco tradicional. Actualmente podemos adquirir un HDD de 1TB al precio de un disco SSD de 120GB de gama asequible.

Esta gran diferencia de precio por gigabyte hace que muchos usuarios opten por instalar el sistema operativo y las aplicaciones en el disco de alto rendimiento y tengan un segundo disco en el equipo para almacenamiento de datos. Incluso hay quien va más allá y solo tiene un SSD de baja capacidad y los datos los tiene en discos externos que puede llevarse a cualquier parte.

También existe la posibilidad de un desgaste prematuro de esta unidad si estamos constantemente escribiendo datos, ya que esto provoca un deterioro muy acelerado de este componente. A pesar de haber distintas tecnologías de fabricación y calidades, el desgaste general del disco viene provocado básicamente por el número de escrituras en cada celda.

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Otro tema es que en caso de pérdida de datos, a día de hoy, es sustancialmente más difícil su recuperación que en los HDD. Probablemente conforme pase el tiempo irán apareciendo mejoras tecnológicas que nos facilitaran esa recuperación, pero esta es la realidad y de momento este es el panorama con estos discos.

¿Se acabó el disco duro tradicional?

Cuando los discos SSD se pusieron a la venta en el mercado generalista parecía que iban a irrumpir de una manera arrolladora desbancando en poco tiempo al disco duro óptico tradicional, pero llevamos más de 6 años y el disco SSD aún no tiene las ventas que se esperan de un producto que mejora tanto el rendimiento de un equipo.

Ahora sí podemos decir que parece que los discos duros ópticos tradicionales están llegando a su fin para dejar paso a una nueva generación con tecnología flash, pero la transición está siendo más lenta de lo que algunos desearían y todavía tendremos discos duros “de toda la vida” para rato.

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